La sorpresa navideña de Teodoro

La sorpresa navideña de Teodoro

Era la época navideña cuando una abundante capa de nieve se había depositado sobre los tejados del poblado de los ratoncitos. Todas las chimeneas humeaban y los faroles colgaban afuera de las puertas para iluminar las pequeñas casas.

—Nada huele más sabroso que tus galletas, mami —chilló Teodoro entusiasmado mientras con sus piececitos caminaba apuradito, con cortos y rápidos pasos, de un lado al otro de la cocina.

Al siguiente día, al regresar del preescolar de ratones acompañado por sus amigos, el olor a deliciosas golosinas ya se sentía frente a la casita de Teo.

Olivia, la ratoncita, preguntó: «Teo, ¿siempre huele así de sabroso en Navidad? ¿Qué galletas está horneando hoy tu mami?».

—Creo que son galletas de pan de jengibre fresco. ¡Hace mucho que he querido comerlas!

Teodoro estaba muy orgulloso de que su mamá supiese hornear tan bien. Esa tarde, quiso ser útil en la cocina y ayudarla con la preparación de las galletas.

Juntos, midieron todos los ingredientes y los mezclaron en un gran tazón. Con tan solo eso, ya olía a delicioso pan de jengibre y Teo no veía la hora de estirar la masa sobre la larga mesa de la cocina.

Aquí y allá, caía algo de harina en el suelo y hasta la mantequilla se pegaba tercamente a sus manitas peludas, pero su tarea favorita era cortar las galletas y esparcirlas con sumo cuidado sobre la bandeja para hornear.

Al poco rato, las crujientes galletas de pan de jengibre estaban puestas en el alféizar de la ventana. Allí, se enfriaban lentamente para después decorarlas con dulces y pegajosas golosinas. Teo no sabía de nadie que fuese capaz de glasear galletas tan cuidadosamente como su mamá.

Al terminar de hornear todas las galletas, la mitad se colocaban en una lata para el preescolar de ratones y la otra mitad servían como adornos para el árbol navideño. La Navidad estaba a la vuelta de la esquina. A Teo se le permitía decorar el frondoso y verde árbol situado en la sala con las galletas caseras de pan de jengibre.

Acostado esa noche en su cama, Teo ya pensaba en cómo al día siguiente se aparecería en el preescolar con un frasco lleno de galletas. En sus sueños, todos se reunían a su alrededor para probar una galleta. Teodoro se sentía realmente orgulloso de sus galletas navideñas.

Más cuentos para dormir:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *