El arbolito de Navidad

El arbolito de Navidad

Al borde de un claro del bosque crecía un arbolito de Navidad. Desde un lado, el pequeño árbol podía ver los grandes árboles del bosque. Eran inmensos comparados con él.

Junto al arbolito se erguía un viejo roble. Su tronco era enorme y su copa, majestuosa. El viejo árbol estaba muy orgulloso de su tamaño y gozaba de gran prestigio en el bosque.

Muchos animales buscaban la protección del viejo roble. El pájaro carpintero había construido un nido allí y cuidaba de la corteza del roble. Las ardillas lo usaban como patio de juegos y también como fuente de alimento cuando las bellotas ya estaban maduras.

Los jabalíes, ratones y muchos otros animales llegaban en cuanto la cosecha estaba madura. Muchas aves del bosque se quedaban en la parte más alta de su copa y tenían una maravillosa vista sobre el bosque.

De ahí, que el viejo roble se sentía muy venerado y menospreciaba a los árboles más pequeños. Tanto así que ni siquiera notó al arbolito de Navidad. Sólo hablaba con los grandes árboles situados junto a él, como el tilo o el haya. El pequeño árbol de Navidad a veces los escuchaba vanagloriarse de sí mismos. Se sentía muy pequeño e insignificante.

Es así que intentó estirarse y estirarse lo más posible a fin de poder atrapar algunos rayos de sol y crecer más rápido, pero el gran roble y los otros árboles le quitaban la mayor parte de la luz y también retenían las grandes gotas de lluvia.

Afortunadamente, el árbol de Navidad ya podía ver hacia el otro lado del claro asomando su copa sobre los arbustos y matorrales que estaban frente a él. Disfrutaba de la vista del campo abierto. Desde ese lado, podría capturar muchos rayos de sol. Y así fue sucediendo año tras año y el pequeño árbol de Navidad se habituó a su aburrida existencia.

Pero un día sucedió algo realmente extraordinario. En un nevado día invernal, el árbol de Navidad notó una fuerte algarabía. Repentinamente, escuchó alegres voces infantiles en la cercanía y un gran tractor que se acercaba.

—¡Papi, mira! ¡Ese es el árbol de Navidad más hermoso que jamás haya visto! —exclamó una niña con trenzas rubias que se dejaban ver bajo su gorro rojo con pompón.

De pronto, todos los niños corretearon alrededor del árbol de Navidad y estuvieron de acuerdo con ella. «¡Tomemos este, por favor! ¡Será el árbol de Navidad más hermoso que hayamos decorado!», prosiguió diciendo la pequeña.

—Creció realmente hermoso. Será nuestro árbol festivo en Navidad —manifestó su papá al acercarse.

El pequeño arbolito no sabía qué le estaba ocurriendo. Ahora lo admiraban y había sido elegido para coronar el salón de esta familia para la santa Navidad. Decorado y radiantemente iluminado, lo dispondrían en medio de la sala para alegría de todos.

Todos los árboles grandes de pronto prestaron atención. El viejo gran roble miraba con envidia al hermoso árbol de Navidad, el cual humildemente había atraído toda la atención hacia sí. Por primera vez en su vida, el arbolito de Navidad se sintió realmente feliz. Ahora, la Navidad podía llegar.

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